EE.UU. PRESIONA MÁS A BOLIVIA, PERO NO LE ABRE SU MERCADO
En los últimos ocho años, las exportaciones bolivianas hacia Estados Unidos disminuyeron en más del 50 por ciento. Y aunque el mercado estadounidense es cada vez menos receptivo para la producción nacional, la presión y la injerencia del coloso del norte se agigantan sin medida
ECONOTICIAS.- Pese al extremo sometimiento de los gobiernos bolivianos a las políticas y exigencias estadounidenses, el mercado del norte es cada vez menos receptivo a los productos nacionales.
En los últimos ocho años, las exportaciones bolivianas hacia Estados Unidos disminuyeron en más del 50 por ciento, según muestran los datos oficiales.
En 1994, Bolivia colocaba en el mercado estadounidense una producción valorada en 353,5 millones de dólares, mientras que en el 2001 el valor exportado a ese mercado apenas alcanzó a 152,6 millones de dólares.
Esta drástica caída, que se acrecienta año que pasa, revela que Estados Unidos es un mercado cada vez menos importante para la producción boliviana, situación que contrasta con la creciente presión que ejercen el gobierno y la Embajada de ese país sobre Bolivia.
Producto de la presión y de las exigencias estadounidenses, Bolivia ejecutó en los últimos años una radical erradicación de sus cultivos de coca, que generó graves y violentos conflictos sociales, acrecentando el desempleo y reduciendo los ingresos del país y de los productores campesinos.
Según las estimaciones del Ministerio de Hacienda, la reducción de los cultivos de coca ocasionó una disminución anual de por los menos el 3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), "cuyo impacto tuvo que ser absorbido por amplios segmentos de la población, lo que se reflejó en una permanente inestabilidad política y social".
La destrucción de la economía de la coca se realizó en la creencia de que tal política, exigida abiertamente por Estados Unidos, abriría de par en par las puertas del mercado estadounidense para los productos lícitos generados en Bolivia.
Sin embargo, nada de ello ha ocurrido. Por el contrario, el mercado estadounidense recibe hoy menos productos bolivianos que antes y las preferencias arancelarias que gozaba el país no han sido renovadas hasta ahora y hay serias dificultades para que la producción textilera boliviana ingrese con ventajas en ese mercado.
Hace ocho años, el mercado estadounidense compraba cerca de un tercio de la producción exportable de Bolivia, hoy sólo acoge la décima parte de las diminutas exportaciones bolivianas.
Pese a ello, las autoridades bolivianas aguardan, sin mucha prisa, que el Congreso de Estados Unidos finalmente comprenda los enormes esfuerzos y sacrificios que realiza Bolivia y le otorgue un tratamiento preferencial que revierta la tendencia negativa hacia la producción boliviana observada en los últimos años.
Lo que sí no parece cambiar en nada es la presión que ejerce la Embajada estadounidense en Bolivia. La injerencia estadounidense en los asuntos internos del país es permanente y llegó a extremos tales como amenazar con represalias económicas y políticas si los ciudadanos bolivianos daban su voto en las recientes elecciones nacionales del 30 de junio a candidatos de extracción campesina y de orientación socialista.
Es más, el propio embajador estadounidense, Manuel Rocha, conminó al candidato de la centroderechista Nueva Fuerza Republicana, Manfred Reyes, el tercero en la elección popular, a votar en el Congreso en contra del líder cocalero Evo Morales, segundo en la elección.
Según la denuncia de Manfred Reyes, el embajador Rocha le instó a votar por Gonzalo Sánchez de Lozada, del neoliberal Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), y así impedir que el candidato cocalero obtenga la Presidencia de la República.