BOLIVIA VIVE DEL CRÉDITO EXTERNO
**Las reformas estructurales no han logrado que Bolivia pueda vivir de sus propios recursos, por lo que constantemente se ve en la penosa situación de estirar a mano para cubrir sus más elementales necesidades**
ECONOTICIAS.- La frágil y diminuta economía boliviana es altamente dependiente del financiamiento externo, que es vital para equilibrar sus grandes desfases internos, cubrir sus más elementales necesidades de inversión y mantener en pie la estabilidad económica, aunque a un elevado costo.
"Entre 1987 y 1997, el monto de financiamiento externo que ha recibido el país es de cerca de 7 mil millones de dólares, que da un promedio de 633 millones de dólares al año", asegura una investigación del economista Álvaro Aguirre.
Según el estudio denominado "Deuda externa, HIPC y reducción de la pobreza", el financiamiento externo es el que hace posible que Bolivia mantenga su estabilidad económica.
"Alo largo de estos 15 años, los equilibrios fiscal y de la Balanza de Pagos no se han logrado a través de aportes de recursos generados por la economía nacional. Al contrario, estos equilibrios se han logrado en una excesiva proporción a través del financiamiento externo, lo que incide en una mayor deuda externa", advierte Aguirre.
Y esto ocurre a pesar de la ejecución de profundas como traumáticas reformas estructurales que, en teoría, estaban orientadas a generar las condiciones para acrecentar el ahorro interno y una capacidad productiva que reduzca la extrema dependencia del crédito externo.
Sin embargo, hasta ahora Bolivia no puede vivir de sus propios recursos, por lo que constantemente se ve en la penosa situación de estirar la mano para cubrir sus más elementales necesidades.
RECURSOS EXTERNOS
Los recursos externos que llegan a Bolivia, a través de créditos concesionales, préstamos comerciales, donaciones e inversión extranjera, son fundamentales para cubrir gran parte del déficit fiscal, del déficit de balanza de pagos y nutrir los programas de inversión pública.
Según el estudio de Aguirre, entre 1990 y 1998, el déficit fiscal, que surge cuando los gastos internos del Estado son mayores a sus ingresos propios, fue cubierto en un 88 por ciento con el aporte de recursos externos.
Lo propio acontece con el ya crónico déficit comercial, que se da cuando el valor de los productos que Bolivia vende al exterior es menor al valor de lo que compra de afuera.
Para varios analistas, esta extrema dependencia de los recursos externos no es sostenible por mucho tiempo, tanto porque crece el monto de la deuda externa, aumentan las exigencias de los acreedores y las obligaciones para el Estado, como también por la reducción de recursos externos canalizados hacia los países pobres como Bolivia.
En el campo de las inversiones, el peso del financiamiento externo también es enorme.