LEJOS DE LOS HIJOS
Desde hace menos de dos años, Carla Toledo es ejecutiva de una institución estatal. Como abogada joven es responsable de temas importantes, lo que le obliga a estar siempre atenta e informada, en incontables reuniones y dispuesta a viajar en cualquier momento al interior y exterior del país, llevando la representación gubernamental.
Gana un buen dinero y ya tiene algo de ahorros, lo que de alguna manera compensa sus ojeras y el stress que cosecha en un trabajo que no tiene horarios y que pocas veces respeta los sábados y domingos. Siempre lleva trabajo a casa, hay que revisar papeles, leer nuevos documentos, desarrollar proyectos y preparar informes, su secretaria privada le pasa diariamente más de 20 informes para firmar, obviamente antes de leerlos.
Pese a las tensiones y presiones propias de un puesto de jerarquía, Carla está relativamente satisfecha con su empleo, siente que está creciendo y madurando profesionalmente, además de adquirir experiencia en esa área. Con este trabajo ha conquistado su independencia económica y es jefe en la oficina y en el hogar. Sólo su madre, y de vez en cuando, le dice lo que puede o debe hacer.
Lo que la tiene mal, sin embargo, es que por este trabajo se ha visto obligada a dejar en casa a su hijo de cuatro años al sólo cuidado de la empleada doméstica. “Sólo las madres pueden entender lo que sufre una mujer que tiene que dejar a los hijos e ir a trabajar fuera del hogar”, dice un poco más resignada a esta dolorosa separación. La próxima semana se va de viaje a Colombia y el pequeñito le ayuda a preparar la maleta.
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