LAS VÍCTIMAS DEL GAS

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La Paz, octubre 11, 2003.- En El Alto, a pocos metros del cielo, los bolivianos más pobres y humildes están canjeando sangre por gas y petróleo. Hoy le tocó el turno a Wálter Choque Huanca, destrozado por una bala disparada a miles de kilómetros de distancia, desde las oficinas de Repsol/YPF, British Gas y British Petroleum.

Wálter deja tres críos de corta edad y mujer desesperada. "No sé que voy hacer. De qué voy a vivir ahora, tengo tres hijitos", dice desconsolada la esposa que acompaña los últimos momentos de agonía de Wálter, de 27 años de edad.

Lágrimas de pobre, llanto de madre. Una vecina, en la calle Chacón, a una cuadra de la Plaza Ballivián de El Alto, atragantada de dolor y rabia, relata: "Era una marcha pacífica, el joven estaba agarrado de su hijito y el capitán le ha disparado".

PROCESIÓN NEGRA
Otros vecinos del distrito uno, de la rebelde y heroica ciudad de El Alto, a cuatro mil metros de altura, desfilan en una procesión negra llevando el féretro de Ramiro Vargas Astilla, otro joven reventado a bala el jueves pasado.

El cortejo fúnebre marcha cansino y no importa mucho el estruendo de los gases lacrimógenos y balines que se escuchan no muy lejos de ahí. Nadie tiene apuro. Total, todos saben que una vez que Ramiro sea devuelto a la Pachamama, a la madre tierra, volverán a las esquinas, a bloquear las rutas y caminos y a esperar, con suerte, que el millonario presidente de Bolivia, don Gonzalo Sánchez de Lozada y los magnates de Repsol/YPF, British Gas y British Petroleum aparten su vista de ellos.

HONRA DE POBRE
Esa suerte que no tuvo el minero José Luis Atahuichi, partido en dos el mismo jueves por una granada de guerra del Ejército. Sus compañeros, que lo acompañaron marchando desde el centro estañífero de Huanuni hasta El Alto, así lo atestiguan, aunque el gobierno y un enloquecido Ministro de Salud dicen que una dinamita mal manipulada por el propio Atahuichi le habría segado la vida.

La misma campaña de desprestigio y falsedad tejieron sobre el joven Ramiro, dicen que quería robar, que era un asaltante. Pobre honra, la honra del pobre, culpables siempre de las masacres y crímenes de lesa humanidad.

GUERRILLERA DE 8 AÑOS
La historia oficial tejida sobre la masacre de Warisata, en las pampas del Altiplano el 20 de septiembre, dice que los comunarios habrían emboscado a los militares y policías que escoltaban a una caravana de turistas nacionales y extranjeros, que no podían abandonar la región por los bloqueos campesinos. Ante la emboscada y agresión, la defensa militar.

Pero la farsa se derrumba cuando entre los cinco caídos a metralla se encuentra Marianela Rojas, de ocho años de edad, con una bala más grande que su cabeza.
A

llí también está Juan Cosme Apaza, campesino de 35 años, que deja en la orfandad a mujer y nueve hijos (el mayor de 12 años), que seguramente, como lo hacen miles, migrarán muy pronto a la ciudad, a los barrios miseria, o la zafra a la Argentina, o a los caminos de la rebeldía, como sus padres y abuelos.

COMO A PERROS
Igual de pobres y rebeldes como el normalista Marcos Quispe y los campesinos Primitivo Curaca y Eugenia Condori, cosidos a bala y matados como a perros por los carapintadas.

Son los "rambos" en acción que acometen en nombre del millonario y las transnacionales contra la gente armada solo con coraje, dignidad y unos cuantos fusiles mausser, que aún funcionan a pesar de que son herencia de una revolución inconclusa de hace 50 años.

De la eficacia del mausser puede dar fe otro hombre humilde, otro hombre de pueblo, el soldado Sergio Vargas Castro, muerto también en Warisata, aunque con un traje prestado. Como todos aquellos jóvenes campesinos y obreros de las ciudades que deben cumplir el servicio militar obligatorio, durante un año, aunque deban regar la sangre de los suyos. Concluido el servicio, los ex soldados vuelven a la comunidad campesina y son los primeros para enfrentar al Ejército.

PARADOJAS
Paradojas de un triste Ejército que está baleando a los bolivianos pobres para exportar el gas por un puerto de Chile, país que hace un siglo invadió el territorio nacional y encerró a Bolivia en sus montañas, quitándole la salida al mar.

Pero el gran capital sólo sabe de negocios. El proyecto de exportación de gas a Estados Unidos reportará anualmente 1.369,6 millones de dólares a las arcas del consorcio Pacific LNG, constituido por las trasnacionales British Gas (BG), British Petroleum (BP) y Repsol/YPF, según dijo en su momento el presidente de British Gas, Edward Miller.

En los 20 años del contrato, los de Pacific prevén recibir más de 27 mil millones de dólares, mientras que para el Estado boliviano se estima ingresos anuales de 40 a 70 millones de dólares. Una diferencia de uno a 24. Escandalosa para un país como Bolivia que tiene un tercio de su población pasando hambre y otro tercio con apenas lo necesario para comer modestamente.

Esta misma población es la que está en las calles, marchando y bloqueando caminos, luchando para que Repsol/YPF, British Gas y British Petroleum no se lleven las esperanzas y el gas. Pero eso cuesta sangre, mucha sangre, a pocos metros del cielo.

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