EL PUEBLO TOMA EL CONTROL DE GRAN PARTE DE LA PAZ, EL GOBIERNO SE DERRUMBA
Redacción de Econoticiasbolivia.com
La Paz, octubre 13, 2003 (Hrs. 12:30).- Una marea humana, descolgada desde El Alto, ya está en el centro de la ciudad de La Paz. Bajan presurosos, van a Palacio. A su paso por las calles empinadas de la sede de gobierno, emergen nuevos rebeldes, vecinos que se pliegan a la marcha, con palos y piedras. Es el pueblo, humillado y masacrado a metralla y bala por más de 48 horas. Es el pueblo que ha decidido tirar abajo al gobierno del millonario Gonzalo Sánchez de Lozada.
Los barrios del norte, del este y del oeste ya están en manos de la población sublevada. En el centro de la ciudad, sede de gobierno, trabajadores, desocupados y estudiantes universitarios controlan las arterias más céntricas, y aguardan la llegada de los alteños para ocupar la Plaza Murillo, donde está el vacío Palacio de Gobierno, resguardado sin embargo por un anillo de fuego y metralla. Militares carapintadas, fuertemente armados, cuidan el símbolo del poder.
El Presidente, recluido en la casa residencial, en la zona sur de la ciudad, está solo y desesperado. Se reune con los ministros que aún lo respaldan. Los periodistas, que cubren el área, ya especulan sobre su renuncia, que parece inminente.
La cabeza de la marea humana sigue avanzando. Todos gritan, todos sienten ira. Unos dicen que son 20 mil, otros calculan que son más de 30 mil. Lo cierto es que son más y más los que quieren vengar la masacre, los que no olvidan a los más de 30 muertos y el centenar y medio de heridos de las últimas 48 horas.
Desde la ciudad de Oruro, la más cercana a El Alto, los padrecitos de la Iglesia bendicen a una multitud incontable de comerciantes, trabajadores, mineros y estudiantes que han decidido marchar hacia La Paz, a respaldar a sus hijos y hermanos para colgar a Sánchez de Lozada.
"Goni, asesino, queremos tu cabeza", grita la multitud que baja de El Alto. Son hombres, son mujeres, son niños, son el pueblo que está tirando abajo la democracia de los ricos. Son hombres, son mujeres, son niños que ya están a dos kilómetros de Palacio. El millonario, en el sur de la ciudad, sigue en silencio. Un vehículo con placa diplomática aguarda en la puerta.
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