EL PENSAMIENTO VIVO DEL CHE

Puede y debe haber un diálogo crítico y creativo entre el pensamiento vivo del Che Guevara, su brillante análisis general, sus reflexiones críticas sobre teoría y práctica, y los nuevos movimientos revolucionarios en América Latina

James Petras, especial para Econoticiasbolivia.com

El Che fue ante todo un actor y teórico revolucionario, incluso cuando no estaba involucrado en el combate armado. Podemos anotar varias dimensiones de su pensamiento y práctica. Primero: su análisis general de la estructura de clases, del rol del imperialismo, de las alianzas políticas, de las experiencias históricas, de la correlación de fuerzas a nivel nacional, regional e internacional. Segundo: el pensamiento y la práctica revolucionarios del Che combinaban un análisis crítico del imperialismo y del capitalismo con un involucramiento activo y reflexiones sobre la construcción del socialismo. Tercero: el pensamiento y la práctica revolucionarios del Che concebían al socialismo como parte de un orden mundial nuevo, en el que los países imperialistas se movilizaban a escala mundial para destruir cada revolución, lo cual, a su vez, obligaba a los revolucionarios a buscar apoyo y extender la revolución internacionalmente. 

Yo argumentaría que la relevancia del Che para la política revolucionaria contemporánea se encuentra en su análisis general de la política y en sus reflexiones de nivel medio sobre la acción política y las estructuras económicas, más que en sus ideas tácticas aplicadas a circunstancias coyunturales específicas. Fusionar estos tres niveles de la práctica revolucionaria del Che, o reducir sus pensamientos a discusiones tácticas sobre la lucha guerrillera o armada, es entender completamente mal y desvalorar su relevancia hoy. 

Del análisis general y de las reflexiones de nivel medio del Che, uno puede derivar una variedad de estrategias y tácticas políticas y sociales, y una variedad de formas de acción organizacionales que pudieran o no incluir la "lucha armada" y la guerra de guerrillas.

Ya que éstas últimas son cuestiones tácticas derivadas de determinaciones contextuales específicas y de circunstancias coyunturales, su utilidad y relevancia son históricamente limitadas.

El Che contra los globalizadores

Para el Che, la expansión del capitalismo a escala mundial y su penetración, cada vez más profunda, de mercados, producción, distribución, banca y servicios, eran esencialmente un fenómeno social y político. Los movimientos económicos del capitalismo estaban sustentados en la acción político-militar, como premisa que creaba las "apropiadas" relaciones sociales estables de explotación entre el capital y el trabajo. Dentro de este marco social y político, inducido imperialmente, acontecían los movimientos de capital, se expandían las multinacionales, inversionistas extranjeros compraban empresas públicas privatizadas, eran implementados programas de austeridad del Fondo Monetario Internacional (FMI). La descripción del Che de la expansión del capitalismo como esencialmente una relación de poder político, se encuentra en contraste agudo con los teóricos contemporáneos que parlotean acerca de la "globalización". Éstos describen la expansión del capitalismo como un proceso universal, impersonal, que es irreversible porque es el producto de estructuras económicas. 

Segundo, el Che define el imperialismo como una relación social y política entre clases y Estados; por lo tanto sujeta a la transformación. Los globalistas describen la globalización como una estructura objetiva que se propaga mediante su lógica interna y que, por ende, elimina cualquier acción política o social transformativa.   

Tercero, el Che conceptualiza el imperialismo como un fenómeno histórico contradictorio, cuya expansión crea conflictos nacionales/de clase que conducen a su declive. En contraste, los globalistas tienen una concepción lineal de la expansión capitalista, que resulta en su consolidación en un nuevo orden mundial. En su forma extrema (y reaccionaria), los globalistas conciben al capitalismo deviniendo en un "sistema capitalista mundial" auto perpetuante, en el que los únicos cambios ocurren entre diferentes localidades dentro del sistema. 

La perspectiva política del Che evoca una imagen prometeica de seres humanos luchando por cambiar su mundo. Los globalistas contemporáneos evocan el pesimismo de Schopenhauer con respecto a las perspectivas de transformar el capitalismo, o una euforia manía posmoderna que enumera la proliferación de identidades distintas, todas firmemente situadas en el firmamento capitalista. El conflicto político y teórico fundamental hoy se da precisamente entre la perspectiva prometeica del Che y el pesimismo schopenhaueriano y/o su eufórica contraparte panglossiana, que piensa que nosotros ya "vivimos en el mejor de los mundos posibles". 

El Che y la revolución

Siguiendo esta línea de investigación y práctica, pasamos a la segunda contribución mayor del Che a la política revolucionaria contemporánea: la centralidad de la acción humana: consciencia, organización disciplinada y claridad ideológica.

En sus tiempos, el gran enemigo del Che eran los ideólogos y epígonos de los partidos socialdemócratas y pro soviéticos quienes aconsejaban pasividad ante el "desarrollo de las fuerzas productivas". Ellos argumentaban que los "partidos revolucionarios" deberían promover la "maduración del capitalismo", así posponiendo la acción revolucionaria para una "etapa posterior", ya que la clase trabajadora todavía estaba en proceso de "ser formada". A estas perspectivas reaccionarias, o en el mejor de los casos, "reformistas", el Che planteó varias objeciones y una perspectiva alterna.

En primer lugar, argumentó que mientras el capitalismo podría "avanzar", lo haría explotando a más trabajadores y socavando las mismas condiciones de existencia de éstos.

El Che argumentó que el capitalismo, en curso de "desarrollar las fuerzas productivas", estaba profundizando las desigualdades y minando la capacidad de las clases y de las naciones para actuar por sí mismas.

Segundo: el Che no veía ninguna razón a priori por la cual trabajadores y campesinos deberían esperar o posponer sus actividades revolucionarias sociales para una "etapa posterior", si ya estaban en su lugar las mismas condiciones de explotación y de miseria, y las experiencias colectivas que hacían posible una revolución. El interrogante para el Che no era un asunto cuantitativo de cuántas máquinas y obreros estaban en su lugar, sino un asunto cualitativo. ¿Polarizaba el imperialismo las clases dentro de las unidades básicas de producción? ¿Caracterizaban las relaciones clasistas de explotación a la formación social? Si así fuere, entonces la revolución no solamente era posible sino necesaria. 

Hoy está presente la misma dualidad de perspectiva que en tiempos del Che; únicamente han cambiado los nombres y el lenguaje. 

Los ideólogos de hoy

Los ideólogos de hoy de centro izquierda argumentan que en esta etapa del capitalismo global, la opción es entre variedades muy diferentes de capitalismo: neoliberalismo (variedad retrógrada) o capitalismo asistencialista (variedad progresista). Junto con su acomodamiento al capitalismo, argumentan que las tareas actuales de la izquierda giran alrededor de "modernizar" la economía, "reformar" el Estado y "descentralizar" el gobierno. Detrás de estas formulaciones generales se encuentra la noción de que la revolución social es imposible, (debido a la globalización, un mantra evocado en la ausencia de poder cerebral), o de que queda pendiente para el futuro distante. Mientras tanto, los revisionistas actuales argumentan que la tarea es colaborar ("concertación") con la burguesía "moderna" y con el imperialismo, para construir una economía competitiva, capaz de participar en la economía global y para promover el bienestar del "pueblo". 

Al igual que en los tiempos del Che, quienes comparten su pensamiento hoy rechazan esta tesis y proponen otra basada en las contradicciones que emergen del capitalismo realmente existente.

Primero, señalan el hecho de que la burguesía más dinámica y más avanzada (aquellos quienes más activamente invierten, exportan y producen) es precisamente la más explotadora en términos de relaciones capital/trabajo.

Segundo, el "desarrollo de las fuerzas productivas", como ocurre hoy bajo condiciones de dominación total del Estado, está desintegrando y desplazando masas de obreros y campesinos, (a través de la tecnología, de la especulación, de las adquisiciones de industrias locales, de las importaciones baratas, etc.), no ampliando y creando una nueva clase trabajadora cohesive. 

Tercero, la "reforma del Estado" que favorecen los revisionistas significa en la práctica el despido masivo de empleados públicos de los servicios sociales, y la creciente influencia de pequeños núcleos de tecnócratas entrenados en el extranjero (y organizaciones no gobernamentales, ONGs), quienes son sirvientes a sueldo o socios del imperialismo, y colaboran con la clase dominante y su Estado. 

Cuarto, la "descentralización" traslada la responsabilidad por los servicios sociales a los gobiernos locales sin los recursos correspondientes, mientras que los ingresos del erario se concentran en un ejecutivo centralizado que financia a la élite económica. 

Ética y política

Ética y política es otra área en la cual el análisis del Che Guevara es relevante e influyente para la política revolucionaria actual. Esto asume varias formas; en primera instancia, el método de combatir la distancia (jerarquía) entre seguidores y líderes.

En segundo lugar, la idea de combatir la estructura burocrática y las distinciones privilegiadas entre líderes y seguidores.

Tercero, la práctica de involucrarse en el trabajo y la vida cotidianos de la gente mientras ejercen autoridad en posiciones de liderazgo.

Cuarto, comprometerse con medios que son compatibles con los fines.

Quinto, enseñar dando el ejemplo, no por decreto o mandato.

* Intelectual revolucionario estadounidense, catedrático del Departamento de Sociología, de la Universidad de Binghamton en Nueva York. Versión condensada del artículo “El Che Guevara y los movimientos revolucionarios actuales”. Cátedra de Formación Política Ernesto Che Guevara.

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