EL CHE Y LA ECONOMÍA, MÁS ALLÁ DEL ROMANTICISMO
Al Che se lo respeta y admira, pero sólo a condición de prescindir de su radicalidad política, congelado como mártir
Néstor Kohan , especial para Econoticiasbolivia.com
En la historia del socialismo mundial pocos revolucionarios han sido tan admirados y queridos como el Che Guevara. Hasta en el último rincón del mundo su figura es convocada para acompañar las rebeldías más diversas. No obstante este atractivo, creciente año tras año, el Che ha generado al mismo tiempo desprecios, odios, sospechas y condenas. No sólo entre sus enemigos históricos —el imperialismo norteamericano y las burguesías locales de América Latina— sino también en las propias filas del movimiento socialista.
Entre estos últimos desprecios y condenas, los más célebres han girado en torno a las acusaciones de “idealista”, “subjetivista”, “aventurero” y, fundamentalmente, “romántico”. Sí, romántico. Desde las catedrales socialdemócratas hasta las stalinistas, sin olvidarnos tampoco de algunos exponentes maoístas, trotskistas e incluso de la autodenominada “izquierda nacional”, más de una vez el Che Guevara ha sido rechazado por su “romanticismo”.
Sospechoso por no poder ser encasillado en ninguna de estas cristalizaciones y “ortodoxias” y, además, por haber hablado y escrito en voz alta sobre los problemas prácticos y teóricos de la revolución y el socialismo desde un país del Tercer Mundo, el mensaje rebelde de Guevara debió soportar durante demasiado tiempo la incomprensión y el silencio sistemático.
Se lo respetaba, sí, y se lo llegaba a admitir en el panteón socialista, pero sólo a condición de prescindir de su radicalidad política y congelarlo como un mártir. Su supuesta “ingenuidad política” —aquella que lo alejaba de la realpolitik, la razón de Estado, el pragmatismo y el oportunismo— era el pasaporte ideológico que lo disculpaba ante funcionarios y burócratas institucionales.
Biografías mercantiles
Según esta versión ampliamente difundida en las biografías mercantiles que hoy inundan shoppings y supermercados, su romanticismo ético correría parejo con su ignorancia y desconocimiento de la teoría marxista.
Por vías tan distintas pero convergentes —las del mercado y la burocracia— la herejía comunista radical de Guevara intentó ser ocultada o, al menos, neutralizada.
Dentro de las muchas aristas que nutrieron ese proceso de lucha ideological dirigido a aplacar el corazón libertario del marxismo revolucionario merece destacarse el vínculo entre ética comunista y crítica de la economía política en el pensamiento del Che Guevara.
¿Ética y/o economía política?
En la mayor parte de las críticas al Che Guevara, supuestamente “ortodoxas”, reaparece, una y otra vez, la misma hipótesis. El Che sobredimensionaría la ética (y los problemas de la subjetividad a ella asociados) por desconocer la primacía histórica de las “leyes económicas objetivas”. Este desconocimiento se debería a dos razones: (a) su voluntarismo y (b) su ignorancia de la economía en tanto ciencia positiva.
¿Cuál es el presupuesto básico subyacente que premoldea este tipo de hipótesis de lectura? Pues que en la visión marxista de la sociedad sería posible escindir la objetividad de la subjetividad, la economía de la política, el “imparable desarrollo de las fuerzas productivas” de la lucha de clases. Para expresarlo en el lenguaje del joven Lukács o de Antonio Gramsci, el objeto del sujeto.
Lejos de cualquier “ignorancia” en materia económica o de cualquier desconocimiento en cuestiones científicas, el ángulo prioritario y central que el Che Guevara otorga a la ética, a la satisfacción por el deber cumplido y su reconocimiento social como mayor estímulo moral, a la creación permanente del hombre y la mujer nuevos, a la subjetividad y la conciencia comunista, se asienta en un detallado y obsesivo estudio de la concepción materialista de la historia y de la crítica marxista de la economía política.
Los aportes del Che
La concepción general del marxismo del Che abarca una singular interpretación de la concepción materialista de la historia aplicada a la transición socialista, pasando por un modelo teórico que enseña el funcionamiento y desarrollo de la economía de un país que pretende construir relaciones sociales distintas del capitalismo hasta llegar a una serie de realizaciones prácticas, coherentes entre sí, de política económica.
Los niveles de la reflexión del Che acerca de esa concepción general giran en torno a dos problemas fundamentales. En primer lugar: ¿es posible y legítima la existencia de una economía política de la transición? En segundo lugar: ¿qué política económica se necesita para la transición socialista? Las respuestas para estos dos interrogantes que se formula el Che permanecen abiertas, aún hoy en día, cuarenta años después. No sólo para el caso específico de Cuba sino también para todos los marxistas a nivel mundial.Si desagregamos metodológicamente su reflexión teórica, el Che nos dejó:
(a) una reflexión de largo aliento sobre la concepción materialista de la historia, pensada desde un horizonte crítico del determinismo y de todo evolucionismo mecánico entre fuerzas productivas y relaciones sociales de producción;
(b) un análisis crítico de la economía política (tanto de los modelos capitalistas desarrollistas sobre la modernización que por entonces pululaban de la mano de la Alianza para el Progreso y la CEPAL como de aquellos otros consagrados como oficiales en el “socialismo real”, adoptados institucionalmente en la URSS);
(c) un pormenorizado sistema teórico de política económica, de gestión, planificación y control para la transición socialista: el Sistema Presupuestario de Financiamiento (SPF).Guevara nos invita, provocativamente, a retomar la herencia olvidada de Karl Marx. Aquella donde la crítica de la economía política, paradigma de cientificidad, se estructura en un ángulo totalizante sobre una escala axiológica de valores que emergen de la historia y de la lucha de clases.
Aceptar el desafío ético del Che, retomando el programa teórico, político y epistemológico de Marx, nos permitirá volver a instalar en la agenda actual de la izquierda la perspectiva política radical, antiimperialista y anticapitalista, durante demasiado tiempo olvidada.
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