SUEÑOS Y TRAGEDIA DE LA CAN

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La Paz, junio 18, 2007.- En sus 38 años de vida, la CAN forjó muchos y ambiciosos sueños, aunque cristalizó pocos y con modestos resultados, producto de la extrema debilidad institucional y económica de sus países miembros, su atraso productivo, sus grandes bolsones de pobreza y su extrema dependencia de los vaivenes cíclicos del capitalismo y de sus políticas.

Su comienzo fue osado y alentador. El 26 de mayo de 1969, cinco países sudamericanos (Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador y Perú) firmaron el Acuerdo de Cartagena, que dio luz al denominado Pacto Andino, que nacía con el claro propósito de mejorar, juntos, el nivel de vida de sus habitantes mediante la integración y la cooperación económica y social. Había el espíritu para cambiar la lacerante realidad de pobreza, atraso y dependencia.

El 13 de febrero de 1973, Venezuela se adhirió al Acuerdo, fortaleciendo el proceso integrador, que años más tarde (30 de octubre de 1976) se vería desmembrado con la salida de Chile, de la mano de Augusto Pinochet.

Tras la industrialización

En los diez primeros años del proceso de integración, en la década del 70, se formaron casi todas los órganos e instituciones andinas, con excepción del Consejo Presidencial Andino que nació en 1990.

La política o modelo predominante en los 70 era un “modelo de sustitución de importaciones”, o “cerrado”, que protegía a la industria nacional imponiendo aranceles altos a los productos que venían de afuera.

El capitalismo de Estado y la planificación tuvieron mucha importancia en esta etapa, en la que se buscaba la industrialización de las economías andinas, para dejar de ser simples exportadores de materias primas, que atan a los países y a los pueblos a la miseria extrema y a la dependencia.

Se trazaron planes de desarrollo y se ejecutaron diversos proyectos conjuntos, pero los resultados fueron magros y poco alentadores. El capitalismo de Estado no pudo hacer realidad los sueños de desarrollo y sucumbió ante el embate cruzado de la deuda externa y la inflación.

“La década de los 80 fue tanto para los países andinos como para la integración andina, una década perdida. La crisis de la deuda afectó a todos los países de la región, desde México hasta Argentina y se reflejó en la integración, que sufrió un estancamiento”, señala un informe de la CAN.

Comercio prioritario

En 1989, en una reunión efectuada en Galápagos (Ecuador), los países andinos abandonan el sueño de la industrialización y se echan en brazos del libre mercado, del neoliberalismo que emergía con fuerza en todo el continente.

Desde esa época, las preocupaciones centrales son el comercio y el mercado, con los que creían que se podía vencer al atraso y a extendida pobreza.

En 1993, los países andinos formaron una zona interna de libre comercio, eliminando todos los aranceles entre sí y permitiendo que las mercancías de Bolivia, Venezuela, Perú, Colombia y Ecuador circularan libremente por todos los países socios.

En 1995, este modelo se completa con la adopción de un arancel externo común que obliga a todos los países andinos a gravar con un impuesto, que va desde el 5 al 20 por ciento, a todos los productos de terceros países. Con ello se buscaba dar una preferencia a las industrias y productos de la región, para que puedan competir en mejores condiciones con otros países más desarrollados.

El comercio intracomunitario creció vertiginosamente, se abrieron nuevas industrias y se generaron miles de empleos, pero la pobreza extrema, la exclusión social y la desigualdad seguían campeando igual o peor que antes.

Desandando el camino

En el nuevo siglo y ante la asfixiante presión estadounidense por imponer el libre comercio en toda la región, la CAN agrava su crisis de identidad y comienza a derrumbarse. Tras el fracaso del ALCA, que buscaba forjar una sola zona de libre comercio en las Américas, Estados Unidos avanzó hacia la firma de TLCs bilaterales. Primero firmó con Chile y luego con Perú y Colombia (los acuerdos están pendientes de ratificación en el Congreso norteamericano), provocando el retiro de Venezuela (abril 2006) y la protesta de Bolivia y Ecuador.

Con la aceptación del TLC, Colombia y Perú están liquidando, en los hechos, la zona de libre comercio andina establecida en la primera mitad de los años 90, eliminando el arancel externo común y poniendo fin a las preferencias comerciales que tienen hasta ahora los productos de Bolivia y Ecuador.

En el 2007, Perú y Colombia, gobernados por regímenes neoliberales, quieren ampliar esos TLCs con la Unión Europea , facilitando, además, la privatización de los servicios públicos, otorgando más preferencias y protección a la inversión extranjera transnacional e impidiendo que el Estado proteja a las industrias públicas y subsidie a los pequeños productores. Intentando, ni más ni menos, liquidar el proceso de integración forjado con mucha ilusión hace 38 años.

Logros comerciales de la CAN

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