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BOLIVIA, EN TIEMPOS DE EVO MORALES
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Anclada en el último peldaño en la escala del progreso, Bolivia, el país más pobre de Sudamérica, presenta una economía capitalista atrasada y donde coexisten precarias y rudimentarias formas de producción junto a enclaves de modernidad y desarrollo.
Su economía es diminuta, frágil, con enormes problemas estructurales y altamente vulnerable a los shocks externos. Es, como hace varios siglos, exportadora de materias primas, que constantemente se van desvalorizando.
Altamente dependiente del financiamiento externo, presenta graves falencias en infraestructura y dotación de servicios, que agravan su marginalidad y esterilizan sus posibilidades de desarrollo.
Inmersos en una economía de libre mercado desde 1985, sus sectores más dinámicos y modernos están en manos de grandes transnacionales, que virtualmente han constituido un enclave de progreso y modernidad en medio de un país que se debate en el atraso tecnológico y rudimentarias formas de producción.
Los indicadores económicos del 2007 muestran que el Estado acrecienta sus ingresos y se enriquece, que las empresas extranjeras y nacionales son cada vez más prósperas y que la gente de a pie se empobrece y consume menos
Cae la deuda, trepan las exportaciones y se consolida el crecimiento de las principales actividades productivas. Las finanzas lucen lozanas al igual que la economía del Estado y de las grandes empresas. La economía popular, en cambio, sigue de capa caída, con desempleo, bajos ingresos y mucha pobreza
Nadie quiere pagar el costo diario de un plato de comida, un vaso de leche y dos marraquetas para los ancianos, mientras la plata del gas sigue durmiendo en las arcas del Estado
Sólo uno de cada 10 trabajadores bolivianos está aportando para su jubilación. Para el resto, el futuro es negro
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