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UNA INDUSTRIA POCO COMPETITIVA |
Con escaso nivel de industrialización, Bolivia tiene un endeble aparato productivo, poco competitivo y con gran rezago tecnológico. La virtual ausencia de inversiones, el reducido mercado interno y la excesiva concentración del ingreso han contribuido a forjar una industria liviana, altamente vulnerable y sustentada básicamente en el uso de mano de obra barata.
En los últimos años, bajo el embate combinado de la crisis y el contrabando, la industria nacional está sumida en una profunda recesión, con gran parte de su capacidad instalada ociosa, fuertes deudas con la banca y con escasas esperanzas de una pronta reactivación.
Algo similar ocurre con el comercio, que ha experimentado una sensible caída en sus ventas y crecientes problemas para cumplir con sus obligaciones crediticias.
Y es que el crédito bancario en Bolivia es excesivamente caro. En su generalidad, la banca boliviana concentra créditos y depósitos en pocas manos, ofrece préstamos con tasas de interés que son prohibitivas para las necesidades del sector productivo.
El gobierno indigenista y la oligarquía agroindustrial se acusan de ser los causantes del alza de precios de los alimentos que hace gemir a la población. En un país escindido, el Estado aumenta sus ingresos, los empresarios acrecientan sus ganancias y los pobres comen menos
En Bolivia, banqueros y financistas pagan muy poco, casi nada, por los depósitos del público y usan ese dinero para dar créditos más caros. El negocio es redondo y les reportó 77,6 millones de ganancia en el 2006, la cifra más alta de las dos últimas décadas
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