LA BANCA BOLIVIANA TRANSITA DE LA CRISIS A LA SOLVENCIA

Econoticiasbolivia.com (Gabriel Tabera Soliz)

La Paz, octubre 31, 2003.- La banca comercial boliviana ha soportado a pie firme uno de los quinquenios más duros y complicados de su historia contemporánea. En medio de una crisis económica y social que ha devastado y paralizado a los sectores productivos, que ha reducido a fondo los niveles de consumo y ahorro de la población y hundido en la pobreza a los sectores de la clase media, la banca ha logrado mantenerse a flote, aunque a costa de muchos sacrificios, varias lecciones aprendidas y grandes desafíos por delante.

"Ha sido un quinquenio perdido", dice Marcelo Montero, ejecutivo de la Asociación de Bancos Privados de Bolivia (ASOBAN) al evaluar la fuerte reducción de las operaciones financieras que han hecho retroceder a la banca a los niveles de captación de depósitos y concesión de créditos que se tenían en 1994.

En los últimos cinco años, entre fines de 1998 y octubre del 2003, los ahorros depositados en la banca disminuyeron en una quinta parte, los préstamos cayeron en más de un tercio y los créditos en mora aumentaron dos veces y media. Los indicadores de rentabilidad y ganancias marcharon a la baja, agravando una tendencia declinante que pudo convertirse en una verdadera crisis financiera, similar a la productiva, si la banca no hubiese actuado con prudencia y mejorado sus niveles de solvencia, según evalúa la Superintendencia de Bancos y Entidades Financieras.

"El marco normativo prudencial ha sido un elemento preponderante para que el sistema (bancario) haya podido enfrentar un período verdaderamente crítico que, si bien era ya evidente en el año 1999, no se preveía que fuera de tan larga duración y de tal magnitud", señala la Superintendencia en un balance que muestra que en varios aspectos la banca ha retrocedido y perdido mucho, en términos cuantitativos, aunque en otros se ha potenciado y desarrollado.

Así, con relación a 1994, la entidad reguladora destaca que hoy la banca comercial boliviana presenta, junto a la reducción de sus operaciones, mayores índices de capitalización que antes, es más solvente, más cautelosa a la hora de otorgar créditos y tiene mecanismos más idóneos para enfrentar las corridas de depósitos y la desconfianza de los ahorristas y prestatarios, que se exacerba en situaciones de crisis.

"El sistema es cualitativamente diferente considerando que el nivel de capitalización para ese nivel de depósitos es casi el doble, las previsiones para incobrables son superiores en más de 7 veces al nivel de 1995, para un nivel de mora que ha crecido en casi 2,7 veces respecto del mismo período", agrega.

LA CORRIDA DE DEPÓSITOS
Los datos oficiales muestran que, durante el último quinquenio, los ahorristas retiraron de la banca un total de 713,8 millones de dólares, equivalente al 20,9 por ciento del total de los depósitos. Las más importantes corridas de depósitos se verificaron en los dos últimos años al calor de una creciente inestabilidad e incertidumbre, producto del descalabro del sector real de la economía y la exacerbada lucha social, que tuvo sus picos más elevados en las elecciones nacionales de mediados del 2002, la rebelión cívico policial de febrero del 2003 y la sublevación civil que desalojó del poder al presidente Gonzalo Sánchez de Lozada en octubre del 2003.

Toda una verdadera prueba de fuego para un sistema bancario que, en otras condiciones y sin contar con sus reservas de solvencia y liquidez y el oportuno apoyo del Banco Central, habría sido severamente impactado o, por lo menos, colocado en gravísimas dificultades a algunos de los 12 bancos que operan en el país.

LA REDUCCIÓN DE CRÉDITOS
Y es que a la par de la merma de depósitos (disminuyen de 3.473,0 millones de dólares a 2.759,2 millones, entre fines de 1998 a octubre del 2003) también se verificó en el último quinquenio una alarmante reducción de la cartera de créditos por un total de 1.634,2 millones de dólares. A finales de 1998 el volumen de préstamos alcanzaba a 4.217,7 millones de dólares, mientras que en octubre del 2003 ya sólo era de 2.583,5 millones de dólares.

La disminución en más de un tercio de la cartera de préstamos (39%) ilustra, a su modo, la magnitud de la crisis que agobia al sector real de la economía y el descalabro en cadena que genera en los sectores productivos y amenaza con expandirse en los financieros.

"El comportamiento de la cartera es el reflejo del impacto de la crisis económica y de su duración sobre los diversos sectores del país, que vieron reducidas las demandas de sus productos y consecuentemente reducidos sus ingresos, generándose de esta manera una menor demanda de créditos y, posteriormente, una incapacidad de pago de deudas, que fue generando reducción de clientes viables, agravando aún más la contracción de la cartera y el crecimiento de la mora", señala un informe de ASOBAN.

MORA EN ALZA
El crecimiento de la mora fue sostenido y permanente a lo largo del último quinquenio, elevándose desde 194,1 millones de dólares a fines de 1998 hasta 489,2 millones de dólares en octubre del 2003. En este periodo, el porcentaje de créditos que estaban en mora aumentó desde el 4,6 por ciento hasta el 19,0 por ciento, un nivel excesivamente alto y preocupante.

"La evolución combinada de estas dos variables (reducción de préstamos y aumento de la mora), sin duda, constituye un signo de preocupación, pues de continuar esta crisis económica sin soluciones, la continuación de la caída de la cartera vigente y el crecimiento de la mora, podría llegar a enfrentar a algunas entidades financieras, no solo con problemas patrimoniales sino también con problemas de sostenibilidad de sus flujos financieros, con lo cual a la crisis del sector real de la economía podría sumarse el sector financiero", advierte ASOBAN.

MÁS DINERO CONGELADO
Con este nivel de mora, la banca tuvo que hacer un enorme esfuerzo para enfrentar las consecuencias de una creciente insolvencia de los prestatarios. Así, tuvo que congelar en sus arcas más de 330 millones de dólares guardados en previsión de que los créditos impagos no sean cancelados por los deudores. Esta acción elevó sus costos, redujo su rentabilidad y, en algunos casos, obligó a nuevos aportes de capital.
La magnitud de la mora obligó también a la banca a reprogramar los plazos y montos adeudados por los prestatarios. Hasta marzo del 2003, el sistema bancario había reprogramado el pago de 863 millones de dólares, la mayor parte de ellos (72%) del sector productivo y en menor proporción del rubro de servicios y comercio (38%).
"Es importante señalar que del total reprogramado por la banca a fines del 2002, el 65% ha sido efectuado con recursos propios (552 millones de dólares) y el saldo con recursos del FERE y de NAFIBO-PRE, lo que muestra el importante rol de la banca en los esfuerzos realizados para apoyar la reactivación de la economía, aunque sin los resultados esperados debido a la discontinuidad de las medidas de gobierno para apoyar los esfuerzos del sector", agrega ASOBAN. Gran parte de la cartera reprogramada cayó nuevamente en mora.

REDUCCIÓN DE GASTOS
En este escenario tan poco promisorio, la banca tuvo entonces que extremar esfuerzos para reducir costos, aplicar una política de austeridad, reestructurar sus pasivos y desarrollar políticas de mayor prudencia.
Entre 1998 y 2002 la banca recortó sus gastos administrativos en 60 millones de dólares, a partir de mejoras administrativas y de la reducción de personal y operaciones. A fines de 1998 operaban en Bolivia un total de 15 bancos que tenían 353 sucursales y agencias y 6.808 empleados. Tras el recorte, a principios del 2003, existían 12 bancos, 230 sucursales y 4.395 empleados. En este periodo se eliminaron tres bancos (Banco Boliviano Americano, La Paz y Bidesa), 123 agencias y 2.413 empleados.
Este redimensionamiento administrativo estuvo marcado también por el alejamiento de más de 105 mil clientes del sistema bancario (el 10 %), verificado tan sólo en el 2002, según establece un informe de la Superintendencia. Así, 71.206 ahorristas recogieron todo su dinero depositado en la banca y cerraron definitivamente sus cuentas durante el 2002, periodo en el que también se constató la salida neta de 34.535 prestatarios.

LECCIONES APRENDIDAS
Todas estas cifras muestran que las pérdidas para la banca han sido importantes y significativas en el último quinquenio, periodo en el que sin embargo aprendieron también mucho, según el balance de la Superintendencia.

El ente regulador destaca que la banca de hoy está más capitalizada y en una mejor situación patrimonial, que tiene una política crediticia más prudente, que realiza un mejor análisis de riesgos y de flujo de fondos a la hora de otorgar préstamos y que ya ha dejado de lado los "créditos vinculados", un mal que hasta hace poco parecía endémico en la banca nacional.

También se destacan avances en la reducción de los aún elevados gastos administrativos, con la consiguiente mejora en su eficiencia y en la disminución paulatina de las tasas de interés, además de ofrecer nuevos y mejores servicios, más informatizados y relativamente más eficientes.

El redimensionamiento de operaciones y el cumplimiento de normativas más estrictas y duras, asumidas desde la segunda mitad de los años 90, ha permitido a la banca tener más solvencia. "El sacrificio y ajuste en el corto plazo está permitiendo garantizar una solvencia en el largo plazo", señala la Superintendencia.

GRANDES DESAFÍOS
"La banca ha mostrado su solidez. En los últimos días se han perdido depósitos, pero poco a poco van a ir retornando al sistema financiero, como ocurrió en la época electoral del año pasado y los sucesos de febrero de este año", dice el presidente de ASOBAN, Emilio Unzueta, al asegurar que la banca boliviana está en condiciones de resistir nuevos episodios de crisis, generados en el sector real de la economía o en las esferas de la vida política y social del país.

"Estamos preparados para honrar la confianza de los clientes del sistema bancario, de los sectores productivos y de todo el país", señala Unzueta, que cree que la banca boliviana está transitando con buen pie desde un escenario de crisis a uno de estabilidad y solvencia.

Es, en todo caso, el optimismo derivado de la transformación paulatina de una banca inflada con escasa responsabilidad en la primera mitad de los años 90, altamente vulnerable y con vicios muy peligrosos, como los créditos vinculados, en otra más pequeña, más sólida y solvente. "Hay crisis social, hay crisis política y económica, pero no financiera", agrega el presidente de ASOBAN, que admite sin embargo que la banca tiene todavía por delante muchos y grandes desafíos.

Los retos son enormes y trascendentes como el de reducir las elevadas tasas de interés para los créditos, fomentando la inversión productiva, y elevar la tasa de interés para los depósitos, incentivando el ahorro. Otros desafíos, no menos importantes, son: ampliar la permanencia y plazo de los depósitos, contribuir a reducir la extrema dolarización del sistema, reorientar los créditos hacia la inversión productiva y no tanto hacia el consumo y los servicios, superar o reducir la excesiva concentración de préstamos en pocas manos, democratizando el acceso al crédito, ampliar la cobertura geográfica y los servicios, y acrecentar la eficiencia, entre otros temas. En suma, todo un programa para transformar a la banca en un aliado leal y permanente del sector productivo, en una banca que transite de la solvencia al fomento al desarrollo.
(Gabriel Tabera Soliz / Econoticiasbolivia.com)

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